… agente 48, “el muerto que habla”
En Misiones se lo conoce desde hace varios años. Es parte de la fauna provincial, desconocido, sin estar en extinción, no fue jamás estudiado en detalles, no figura en ninguna enciclopedia de zoología ni esta registrado en el Centro del Conocimiento. Y aunque todos los conocen, algunos afirman, que es como el lobizón, las brujas, el curupí o el yaciyateré:“ nadie lo vio ni da fé de sus apariciones, pero “que existe, existe”.. Tampoco esta en la Biblioteca temática o en algún clasificador. Curiosamente todos lo conocen y lo tienen identificado. No es especie en peligro, tiene otros ejemplares en la familia y varios pichones en su nido. No es agresivo pero de cuidado. Algunos personajes le temen, otros no acatan la orden de derribarlo de un hondazo o silenciarlo. Pero todos le hacen llegar sus más sinceras cuitas Esta prohibido aceptarlo como mascota pero… Lo cierto que todos los que se dicen estar bien informados lo escuchan con ciertas reservas cosa de no perder el dato e investigar. Por supuesto, hay muchos que no le creen pero, no es cuestión de dejar la información de lado…
Donde habita, cuales son sus características físicas, su estilo de vuelo, como se entera de las noticias ( desde los chismes a datos exactos ), como llega en el momento oportuno y exacto, nadie lo revela. Nadie lo escucha pero nadie se pierde una nota de su trino. Silva, trina o canta. Nadie da una referencia pero su vuelo es observado con atención. No se lo debe confundir con el benteveo, bichofeo o sitevi, que según lo cuentan algunas chismosas de barrio es el delator de un embarazo o de alguna corruptela o delito. Al benteveo se trata de darle caza. Hay ocasiones que se lo hace objeto de burlas o mofa. Pero…
Otro ejemplar de mensajero, sereno, o vigilante urbano o de campaña es el hornero. El que se pasea como dandi, saca pecho, construye su particular casa (la imitaron en La Rioja), es telefonista, o propietario en departamentos de varios pisos.; siempre atento a su jurisdicción. Tengo el sucedido, que cuando a una casa, donde lograba alimento, cuando alguien se acercaba al portón de acceso, un alonsito pasaba el dato del visitante y uno de la tribu alertaba al perro guardián que dormitaba tranquilo en una galería. Los horneros comunicaban si el visitante era conocido o extraño. Sucedió en Barrio Belgrano donde en alguna ocasión descubrieron en un poste de teléfono a un ladrón de líneas de Telecom.
Después están el chajá, las garzas o el tero. Seguros vigilantes que suelen ser buena ayuda para mariscadores, fugados o puesteros. Uno y otros avisan movimientos o cambios. “Mire patrón, anoche los teros gritaron, Parece que hay gente en nuestro campo” . También un iberateño de Pellegrini me decia “las garzas se movian mucho y volaban alto Marcaba que había gente extraña en la laguna”. Sin contar algún sucedido en un estero chaqueño donde “los chajás , marcaron el rumbo, los forasteros están hacia el poniente. Cerca del puesto viejo, escúchelos..”
El “picuru” resume un estilo de investigación o trabajo periodístico. Cada periodista tiene los medios o los informantes para obtener la noticia en los lugares mas difíciles.
Un café, el chofer de un taxi, un mozo, un funcionario que pide reservas, o el vendedor de diarios ( el levantamiento militar de Aldo Rico lo dio como dato un canillita que lo vio salir del comando de Brigada XII en ropa de fajina, sable y un pequeño maletín, y en la puerta lo saludaban camaradas deseándole éxitos. Un gesto no habitual que pedía atención. Comenzaba la Operación Dignidad).
Al picurú, (nadie sabe quien lo bautizó), le pasan el dato o la información con reserva, le piden discreción. Todo es casi en un susurro. Todos los periodistas que se precien conocen el procedimiento. (“usted lo puede decir…) Se debe preservar el nombre de la fuente o de quien suministra en dato o la documentación. Pero ello no quita que el mensajero tenga los datos precisos o que los reúna en una sola información. A veces el buchon, datero, confidente, agente encubierto, moro con o sin camello, movilero, buena fuente, alcahucil, realice cosas que no debiera, que no son éticas, y deja las huellas. El dato puede ser cierto pero a veces es un globo (globo de ensayo, pescado podrido, o prueba piloto) En fin, desde siempre hubo y habrá un picurú en la rama del lapacho, un techo, una ventana, en el alambrado o en los cables de luz o teléfono, observando. Lo que no se debe hacer, es dejar los dedos en la lata (perdón, las huellas) Un alto jefe militar pasa el dato, lo escribe y lo firma y hoy esta en un archivo.
Algunos me criticaran, otros ignoraran la nota (curiosamente todos la leerán), los más esbozaran una sonrisa pero, al picurçu no le faltara alpiste ni agua en alguna ventana…
Escribe Anton Pelek , periodista (antonpelek@hotmail.com )